«El paciente es quien tiene la enfermedad», escribió William Osler, uno de los padres fundadores de la medicina moderna. Sin embargo, en el complejo engranaje de la atención sanitaria contemporánea, esta simple verdad puede quedar oculta. El paciente, con su historia, miedos y esperanzas únicas, corre el riesgo de convertirse en una mera colección de síntomas, un conjunto de datos para ser analizado. ¿Y si la clave para una medicina más humana y efectiva no residiera en una n