EL OCASO DE LA CLÍNICA. Como actividad ancestral, arquetípica, la medicina clínica ha evolucionado a partir de la autocrítica, la depuración de lo obsoleto y el perfeccionamiento propiciado por la validación y la utilidad. Los acontecimientos críticos que han incidido en esta transformación han sido el extraordinario desarrollo tecnológico y el elemento más disruptivo que ha sido la pandemia de COVID-19, que es, además un evento portador de futuro. Aunque la esencia benefactora de la clínica se sostiene, como metodología, ha sufrido cambios profundos al grado que ya no parece mantener una identidad con la práctica tradicional y hasta se habla de su ocaso, que no necesariamente significa el presagio del fin sino el anticipo de un renacimiento. Muchas de las maniobras propedéuticas han cedido su lugar a procedimientos más precisos, objetivos y confiables. No obstante, las necesidades de los pacientes siguen sustentando la participación de los médicos en términos de apoyo psicosocial, interpretación de la salud y la enfermedad, seguimiento terapéutico, aprovechamiento de la aportación tecnológica y de la visión unitaria de las personas. Si bien hay una declinación de los mecanismos de acopio de información a partir de los pacientes, la medicina clínica ha alcanzado un perfeccionamiento que no sólo la mantiene vigente, sino que la hace aún más eficaz.  Esta parte práctica de la medicina, al igual que toda la ciencia médica, ha estado en constante evolución, algunos componentes van hacia la obsolescencia, pero en su conjunto se ha enriquecido a partir de aportaciones transdisciplinarias y de una mejor instrumentación de sus propósitos, sin dejar de lado su propósito fundamental de ayudar a los pacientes.

El Ocaso de la Clínica

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